Identidad, moda y sostenibilidad
- Daisy

- 1 jul 2025
- 12 min de lectura
Luego de hablar sobre la creación -un tema que mueve mi corazón- en mi podcast, quise conversar sobre moda y sostenibilidad, porque para mí, ambos están conectados.
Mi interés por la sostenibilidad y el cuidado de la creación nació, en primer lugar, en mi inquietud y amor por la moda. Desde pequeña, la moda siempre ha sido una de mis principales inclinaciones e intereses. De hecho, todo el mundo pensaba que yo estudiaría diseño de modas porque llenaba cuadernos dibujando mujeres con vestidos y distintas tenidas.
Por eso, cuando llegué a la universidad, y estaba de moda el documental The True Cost, empecé a averiguar sobre el impacto de la industria de la moda, y como cuento en el artículo del cuidado de la creación, mi corazón se dolió y empezó a buscar respuestas.
Fue ahí que me encontré con gente increíble que estaba en la misma búsqueda, que tenía las mismas preguntas, y que ya estaba cambiando su estilo de vida en pos de una moda mucho más consciente.
Fe y moda: ¿cómo se conectan?
Ahí las preguntas para mí se mezclaron. La fe y mis intereses "seculares" no se relacionaban... ¿Cómo podían tener relación con mi DIOS? Sin embargo... mi REY es rey sobre todo, y todo le importa.
Cuando empecé a interiorizarme en el tema de la moda consciente y sustentable, llegué en el año 2017 a un evento de intercambio de ropa recomendado por una amiga, que promovía la moda sostenible. Mi sorpresa fue grande cuando llegué. El evento, llamado FRI, era organizado por un grupo de chicas cristianas que tenían las mismas inquietudes que yo, que estaban haciendo algo al respecto, y sobre todo, poniendo su fe en el centro.
En ese momento conocí a Vicky, una de las chicas que organizaba el evento, y quien hoy, ocho años después, se sentó conmigo en la terraza del departamento de sus padres a conversar sobre identidad, moda y sostenibilidad. Por eso es que el artículo de hoy, así como el capítulo número 9 del podcast, es sobre esa conversación.
La identidad y la industria
La forma en que nos vestimos, o el solo hecho de vestir, comunica. Es por esto que la moda es uno de los instrumentos de comunicación más importantes que existen en el mundo. Porque, en sí, la moda está relacionada con la identidad, con quiénes somos y nuestros intereses. Por eso es que lo que consumimos, lo que compramos -y cuánto compramos-, y lo que usamos, habla de nuestra identidad como hijos de Dios.
En el año 2013 se hizo conocido el caso del derrumbe del edificio Rana Plaza, donde cientos de trabajadores de grandes marcas como H&M murieron en condiciones inhumanas en Bangladesh. Fue ahí que se visibilizó a nivel mundial no solo la contaminación que produce esta industria, sino también las malas prácticas laborales que comete.
Cuando me enteré de todo esto, realmente me dolió. La industria de la moda, que era algo que me apasionaba y de la cual yo era una compradora fiel, hoy me mostraba una cara que desconocía y que incluso no imaginaba. Me dolió mucho saber que las cosas que yo solía comprar y usar tenían un proceso previo y posterior tan dañino. Sin embargo, estoy convencida de que este dolor no era solo algo mío, sino que era el Señor despertando eso en mi corazón, diciéndome: "eres responsable también de lo que usas".
En el caso de Vicky, el impacto fue igual de shockeante. Cuando se enteró de lo de Rana Plaza, sintió una decepción respecto a todo lo que les habían enseñado en diseño de vestuario -su carrera-. Y es que durante todos los años de carrera, en ningún momento nadie mencionó el impacto de la industria. Si bien era algo que se podía imaginar a causa del proceso industrial, era difícil pensar en la magnitud de esto. "Entonces, enterarme de que el grupo de profesionales al que yo pertenecía estaban dejando la embarrá, me dio rabia, me dio una rabia muy grande."
Ahí empezó el camino de Vicky. Sintió una gran responsabilidad de comenzar a abrir estas conversaciones, de encontrar las preguntas y hacerlas, más que tener respuestas. Y así ha sido hasta el día de hoy. De alguna forma, ha desarrollado más flexibilidad en torno al tema de vivir la moda sustentable como algo cotidiano, y no tan solo como una charla en un conversatorio y listo, sino que desde las preguntas: "¿qué estoy haciendo yo y qué pasa el día de mañana?"

La identidad y el consumo
Las redes sociales han cumplido un rol súper dañino en promover la cultura de consumo. Y hablo de cultura porque no es solo un actuar específico, sino que es una forma de vida. Hoy en día, el consumismo es parte del quehacer humano: lo hacemos para entretenernos, para distraernos, para incluso "descansar" o simplemente para despejar nuestra mente. No hay un razonamiento detrás de lo que compramos, sino que el comprar se ha vinculado terriblemente al sentir. Es por esto que, de alguna forma, incluso lo llegamos a ver en nuestras relaciones, expectativas y formas de acercarnos al mundo.
Por eso el consumo está ligado a la identidad, porque la industria nos lo ha enseñado de esa manera. No es solo la ropa, es la belleza, es la aspiración, es el cuidado de la piel. Todo requiere y nos lleva a consumir de manera compulsiva, y las redes sociales actualmente son una herramienta clave para promover esta forma de vida.
Sin embargo, el peligro de las redes sociales no termina ahí, sino que tiene un poder que no logramos ni siquiera imaginar. Las redes nos impulsan y generan necesidades, adicciones y disposiciones. Nos enseñan y adoctrinan incluso. ¿Cuántas veces has visto las Adidas Sambas rojas de una influencer que subió un haul y querido comprarlas inmediatamente? Y es por eso que la estrategia del ultra fast fashion es tan peligrosa... porque su marketing ha sido siempre digital y en redes.
Y así es como, finalmente, a través de las redes sociales, las personas comienzan a conectar la identidad con sus prácticas de consumo, con lo que compran, con si están a la moda o no. Se crea la idea de que, teniendo más ropa, reafirman su identidad y quiénes son. Me llama mucho la atención cómo finalmente está todo conectado: quiénes somos, la identidad que estamos construyendo, y nuestras prácticas de consumo -físicas y digitales-.
Todas estas decisiones, influenciadas por una cultura de consumo y el fast fashion, no solo afectan nuestra economía personal, sino también el simple hecho de ir a tu clóset, abrirlo y ver que hay cosas que no tienen nada que ver contigo y que están ahí por alguna razón. Es muy importante detenerse de vez en cuando y replantearse qué es lo que quiero comunicar con lo que estoy vistiendo. Incluso preguntarnos si nuestra vestimenta está expresando la autenticidad y la belleza con la que Dios nos creó. ¿A través de la ropa que tengo estoy simplemente uniformándome y dejando que el mundo diga cómo me tengo que vestir? Por eso entendemos que, en verdad, la moda es menos superficial de lo que creemos, y que Dios sí tiene algo que decir al respecto.
Son muchas las capas que se pueden relacionar entre la ropa -que es lo externo-, con nuestra identidad -que es lo interno-. Es por esto que todo está conectado, porque es ahí, en ese nexo, que se ve afectado el cuánto compras, dónde compras, qué compras, y por qué tienes que comprar lo que compras. Por lo tanto, para poder romper con estas espirales consumistas, necesitamos hacer el ejercicio de parar, pensar y cambiar de dirección. Un ejercicio de metanoia, de transformación, un punto de quiebre. Debemos aprovechar esta libertad de pensar que nos dio Dios, de poder reflexionar en lo que quiero reflejar, o cómo me quiero vestir, etc. Cómo la moda -mi moda- se conecta no solo conmigo o con lo que me rodea, sino también con el mundo.
La moda y la autoestima
La moda cumple un rol y tiene un poder que no imaginamos. Su influencia en nuestra autoestima y cómo nos percibimos ha marcado generaciones. Lo que me pongo puede incluso tener una influencia en cómo me siento respecto a mí misma. A lo mejor en algún momento compré una prenda que en verdad no tenía nada que ver conmigo, y ahora que me la pongo me veo al espejo y no me siento cómoda, y eso me afecta a tal punto que me tiene mal todo el día. Por eso creo que es de cristiano buscar esa ropa que te haga sentir bien, porque finalmente, la ropa puede destacar todas esas cosas hermosas que el Señor ha puesto en nosotros. O sea, nuestro día a día se compone de ser hijos de Dios, pero también de aprovechar y disfrutar de todos esos bellos atributos que el Señor nos ha dado.
Obviamente no podemos minimizar el lado malo de la moda, aquel lado influenciado por nuestra naturaleza pecaminosa. Porque sí hay una industria que tiene ese enfoque. Hay una moda que está impulsando, por ejemplo, el estilo Y2K, estilo que afecta a muchas chicas con respecto a sus dimorfias corporales. O una moda que promueve el consumo excesivo y diversos estereotipos. Sin embargo, también está todo este otro lado de la moda, que es hermoso, que refleja la creatividad, el arte, la expresión, todo aquello que proviene de la gracia común del Señor.
Y por muchos años, en las esferas cristianas se ha malentendido la moda. Hemos experimentado esta separación entre lo espiritual y lo secular, cuando esa dualidad nunca ha existido. Se ha tratado la moda como algo superficial, de afuera, incluso si te interesa este tema puedes ser considerado como vanidoso. Por eso el equilibrio es tan difícil a veces de encontrar, porque se piensa que estás siempre en un extremo, y no en el medio. O eres vanidoso, o no tienes autoestima. ¿Pero hay algo más?
Cuando pensamos en cómo nació la ropa, podemos retroceder al inicio de todo. Al Génesis. Cuando Adán y Eva caen y cometen pecado, por primera vez que se ven a sí mismos y se ven desnudos avergonzados. Dios, ante esta situación, decide crearles una vestimenta, la primera prenda del primer diseñador. La ropa no fue solo una herramienta para otorgarles cobertura y protección, sino una herramienta de comunicación, de palabra y de verdad. Dios vistió a Adán y Eva de un animal sacrificado. Podría haber sido con las hojas de higuera, pero Él quiso cubrirlos de una forma más compleja, una forma que reflejaba lo que Jesús haría miles de años después. La ropa fue un símbolo de redención.
Por eso podemos entender que Él no es ajeno a cómo nos sentimos cuando nos vemos al espejo, porque al final lo que estamos viendo, lo que estamos pensando, cómo nos vamos a tratar, todo eso lo ve y lo siente el Espíritu Santo. Es por esto que es una cosa bien delicada el restringir a otros. Está bien exhortar cuando alguien se va al extremo de la vanidad, pero no está bien tampoco que nos perdamos en colores y estilos que no tienen nada que ver con uno mismo. Para eso seríamos todos iguales.
Una identidad de hijos
Sin embargo, como todo está conectado, la vanidad y la falta de amor propio son reflejos de un ego inflado o desinflado, de una confusión en nuestra identidad, como habla Timothy Keller en su libro La libertad de olvidarse de uno mismo. Es que cuando creemos ciertos discursos que nos enseña la sociedad a través de los medios de comunicación, la publicidad, las redes sociales, podemos inflar o desinflar nuestro ego. Cuando empieza a ser más importante para nosotros el cómo te ves que el quién eres, no es solo un problema de autoestima o vanidad, es un problema de ego.
Cuando la moda, o el cómo te ves, comienza a ocupar el lugar del quién eres, es cuando finalmente caemos en esta vanidad. Y que no es solo dañina desde el hecho de ser vanidosos -y el estereotipo de esto-, sino que refleja un peligro más profundo relacionado a una falta de identidad: no nos conocemos a nosotros mismos. Es que si es así, es porque hemos construido el quién somos en cómo nos vemos, o incluso más aún, en cómo los demás nos ven y lo que opinan de nosotros, haciendo que nuestra validez esté en cómo nos vemos y nos perciben. Por eso, si es que un día "no nos vemos bien", va a afectar el quiénes somos, y vamos a ir corriendo rápidamente frente a la nueva tendencia que haya y que puede ser muy dañina para nosotros.
La belleza en quienes somos
Al ser hijos e hijas de Dios sabemos quiénes somos y eso nos ayuda en muchos aspectos de la vida. En este sentido, cuando sabemos quiénes somos y nuestro valor está en Cristo, lo que nos ponemos es manifestación de la bondad del Señor y vamos a mostrar esa alegría, esos buenos atributos que el Señor nos ha entregado, y también contagiar de eso a otros. Y creo que por eso es tan importante no dar por sentado las cosas. Porque el vestirnos también involucra decisiones que reflejan nuestra identidad. Es ahí que entra el tema de la moda sostenible, porque creo que ser sostenible no solo tiene que ver con comprar ropa de segunda mano. Para mí, tiene que ver con tener lo justo y necesario para vivir con ropa que comunique quién eres. Creo que ser sostenible tiene más que ver con una forma de vivir que con comprar prendas de algodón o lino. Podrías ser igual de consumista teniendo 200 prendas de lino que una persona que tiene 50 piezas de ropa de fast fashion. Por eso la herramienta contra el fast fashion es el estilo propio, porque cuando tú conoces tu estilo, dejas de caer en estos discursos de las redes sociales que te llevan a consumir sin parar, dañar el planeta y la creación de Dios, y además, reflejar algo que no eres.
Por eso es tan importante la relación del consumo y la identidad, porque cuando nuestro valor está en cómo nos vemos, es cuando empezamos a consumir de una manera no sana, a tener más de lo que necesitamos, a frustrarnos cuando nos vemos al espejo, y es porque finalmente nuestra identidad es la que está siendo inestable. Pero cuando tenemos firme nuestra identidad de hijos, no vamos a tener la necesidad de comprar tanto porque sabemos lo que nos sirve, sabemos lo que nos gusta, sabemos lo que nos queda.
Cada cuerpo es distinto, y está diseñado por un autor perfecto que no se equivoca. Cuando comprendemos eso, podemos empezar a vernos al espejo de forma distinta. Y, por lo tanto, construir nuestro armario, no por las tendencias, sino con un énfasis en aquello que resalta y recalca la belleza creativa de Dios al momento de formarnos. Pero si, por el contrario, buscas tu estilo en un espacio donde todo cambia, como lo es la industria de la moda, donde todo está hecho para ir cambiando durante las temporadas, siempre vas a tener que adaptarte a eso. Entonces, si ayer viste que el rubio era moda, y después al otro día es rojo, vas a tener que pintar tu pelo siempre, y eso se vuelve agotador e inestable.
La solución a las tendencias es conocerte a ti misma. Y eso es lo bello y divertido de la moda: ese descubrimiento tan propio, tan único, donde encuentras -en el pequeño misterio de por qué tu cuerpo es como es- la gracia de Dios en nosotros. El regalo de poder vestir ese cuerpo de una forma bella transmite mucho de Dios, porque de Él proviene toda la belleza.
Saber que uno es hijo de Dios también tiene que ver con reconocer y aceptar que, si Dios te creó de esta forma, debes amarte al máximo y buscar al máximo cómo poder sacarle mejor partido también. Vamos a estar un rato en este cuerpo, no sé cómo va a ser después, pero es parte de la vida aquí en la tierra sentirte cómodo con tu cuerpo. Más que estresarse con la ropa o cómo te ves, encuentra la diversión y gracia en esto. Porque finalmente, cuando no nos sentimos cómodos con nosotros mismos, esa actitud afecta nuestra relación con Dios y nuestra relación con los otros.
Moda y sostenibilidad
No hay mejor herramienta para combatir los estereotipos malos de la moda que conocerse y conocer qué es lo que sirve para nuestro cuerpo. No estar comparándote con los modelos de las pasarelas y pensar que ese vestido que le quedaba a ella de 1,90 te va a quedar a ti que mides 1,60. Tener esos conocimientos y ese amor por lo que Dios ha creado en ti y quién eres. Me gusta pensar que el Señor nos diseñó a cada uno exactamente como Él quería que fuéramos, y más aún, se alegró en ese diseño. Abrazar esa verdad es la mejor herramienta contra el fast fashion, contra la uniformidad que entrega la moda hoy en día. Y cuando tengamos eso, podremos llegar a tener un armario sustentable y responsable con la creación.
La moda sostenible no es algo que necesariamente está lejos de nosotros los cristianos, sino que, por el contrario, debería ser una práctica que cada vez más de nosotros deberíamos llevar a cabo y promover. Esto porque, finalmente, la moda sostenible busca ser una industria que va contra el consumismo extremo, las toneladas de ropa que contaminan los mares y los desiertos, y tener una mano de obra justa y ética. Porque como hijos de Dios, toda nuestra vida y cada área -no solo aquellas que se ven más espirituales- deben reflejar el Reino.
Muchas personas, a lo mejor, piensan que es difícil o incluso tienen prejuicios. Piensan que todo se trata de comprar en segunda mano. Pero la verdad es que todo parte por pequeños pasos, pequeñas decisiones que te llevan a consumir menos y comprar mejor. No hay nada mejor que ponerte algo y decir: esto me gusta y refleja a quién soy. Si para ti ser sustentable en la moda es comprar solamente una vez por semana en vez de tres, eso ya es un gran paso.




Comentarios